Calculadora de ahorro con interés compuesto: capital final e intereses
El cálculo del ahorro con interés compuesto estima cuánto capital acumulas al sumar un depósito inicial y aportaciones mensuales durante años. El factor que más pesa en el resultado es el tiempo: los intereses generan nuevos intereses, y cada año añadido acelera la curva.
Cómo se calcula el capital final
El cálculo sigue tres pasos. Primero, el tipo anual se convierte en un tipo mensual; en los ejemplos de esta página se divide entre 12. Segundo, el capital inicial se multiplica por uno más ese tipo mensual, elevado al número total de meses. Tercero, cada aportación se capitaliza solo durante los meses que le quedan por delante: la primera trabaja casi todo el plazo y la última, al ingresarse a final de mes, no genera ningún interés.
La suma de todas las aportaciones se obtiene con una fórmula cerrada, que da el mismo resultado que simular mes a mes. El total aportado es el capital inicial más la cuota multiplicada por los meses, y los intereses son la diferencia entre el capital final y ese total. Esa diferencia empieza siendo pequeña y gana peso a medida que el plazo se alarga.
Qué cambia el resultado y cuánto
Tomemos un ejemplo que puedes rehacer: capital inicial de 0 euros, 200 euros al mes y una rentabilidad anual del 5 %. A 10 años el capital final es de unos 31 057 euros, de los cuales 24 000 son aportados y unos 7 057 son intereses.
Si el plazo pasa a 20 años, las aportaciones solo se duplican (48 000 euros), pero el capital final sube a unos 82 200 euros: más del doble, porque el interés trabaja sobre un saldo cada vez mayor.
Si mantienes 10 años y bajas la rentabilidad al 3 %, el resultado cae a unos 27 948 euros, casi 3 100 menos. Si en cambio subes la cuota a 250 euros con el 5 %, el resultado crece de forma proporcional: unos 38 821 euros. En este orden, el plazo pesa más que la rentabilidad, y la rentabilidad más que un pequeño ajuste de cuota.
El error de leer el resultado como seguro
El error habitual es tomar el capital final como una cifra garantizada y como dinero con el poder de compra de hoy. Ninguna de las dos cosas es cierta. La calculadora aplica una rentabilidad constante todos los años; en la práctica, cualquier producto real puede rendir distinto cada año, y el orden de los años buenos y malos altera el resultado.
Tampoco descuenta comisiones, impuestos ni inflación. Un ejemplo hipotético: si los precios subieran un 2 % anual durante 10 años, 31 057 euros de entonces comprarían lo que hoy compran unos 25 500. Quien planifica una meta, como una entrada o un colchón de jubilación, con la cifra bruta, puede quedarse unos miles de euros corto.
El resultado es una estimación para comparar escenarios, no una promesa. Úsalo con una rentabilidad prudente y, si quieres, repite el cálculo con una algo menor.
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre interés simple e interés compuesto?
Con interés simple, los intereses se calculan siempre sobre el capital inicial, así que cada año aportan lo mismo. Con interés compuesto, los intereses ya generados se suman al saldo y producen a su vez más intereses. Por eso la curva del compuesto es cada vez más empinada, y la diferencia entre ambos crece con el plazo.
¿Por qué la última aportación no gana intereses?
Porque se ingresa a final del último mes, justo cuando termina el plazo. No queda ningún periodo para que se capitalice, así que entra al capital final tal cual. La primera aportación, en cambio, se capitaliza durante casi todos los meses. Si ingresaras al principio de cada mes, el resultado sería algo mayor.
¿Es mejor empezar con más capital o aportar más cada mes?
A igual dinero total, el capital inicial rinde más porque trabaja todo el plazo. Ejemplo con el 5 % anual a 10 años: 12 000 euros de golpe llegan a unos 19 764, mientras que 100 euros mensuales, que suman también 12 000, llegan a unos 15 528. Pero la cuota mensual es la vía realista si no dispones de esa suma.
¿Los intereses ganados son beneficio neto que me quedo?
No necesariamente. La cifra es bruta: no resta comisiones del producto, impuestos sobre las ganancias ni la pérdida de poder adquisitivo por la inflación. Lo que recibirías realmente puede ser inferior, y depende de dónde esté el dinero. Considera el resultado como el techo de un escenario con rentabilidad constante, no como una cantidad neta.
